miércoles, 27 de mayo de 2009

Aldo Peralta según "La República"

Compartimos un artículo publicado por diario La República:

Lunes, 07 de julio, 2008 - La República

Aldo Peralta, redescubierto
Entre muchos artistas uruguayos del siglo pasado opacados por el vendaval posmoderno, Peralta ocupa su lugar, ahora redescubierto.Tuvo una muerte joven. Como Pallejá, Sáez, Barradas, Nerses Ounanian, Prino del Castillo y no todos, como el inventor del vibracionismo, dejaron una obra que estuviera, en cantidad y calidad, a la altura de los talentos incomparables que manifestaron.Aldo Peralta, salteño de 1933, la ciudad de Horacio Quiroga y Enrique Amorim, tan querida y visitada por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, dejó constancia desde adolescente de su capacidad dibujística. En 1948, su Autorretrato a lápiz sobre papel (inicia la actual muestra en el Museo de Arte Contemporáneo), revela en el dominio del trazo, la acertada orientación del maestro José Czifery en el Taller Horacio Quiroga, la sensual vitalidad que lo caracterizó al convocar su propia imagen en irónica y campechana mirada similar a la de Diego Rivera.Muy pronto consolidará sus recursos técnicos, comprenderá el sentido solidario entre los hombres que ya había comenzado a saber en sus charlas con Amorim en la residencia Las Nubes, convertida en centro cultural, acompañado por la extrañable Esther Haedo. Ese sentido humanista impregnará a sus compañeros de estudio (José Echave, Bolívar Gaudín, Osvaldo Paz y Lacy Duarte) que siguieron derroteros disímiles. Aldo Peralta recibió el mecenazgo de Amorim que le facilitó los estudios a Buenos Aires y Europa, el contacto con el arte de todos los tiempos y otras sociedades. Si en los primeros tiempos, la figuración obedecía a los cánones de un realismo socialista en la representación de personajes castigados por la injusticia o víctimas de la guerra en Vietnam (serie Estroncio 90), a mitad de la década del sesenta va, paralelamente, pergeñando con ímpetu expresionista figuras de una intensidad creciente que culmina, en esa fase, con las Beatas (1969), una lúcida asimilación de Francis Bacon con clara vocación de salvaje ironía en el retrato, y el manejo matérico del óleo en parejas enfrentadas que luego alternará, esas mismas parejas, en cuadros más abstractos y planos. Otra modalidad aún: la violencia dinámica de manchas de color y azul a las que sobrepone y yuxtapone el exultante cromatismo de trazos negros, en círculos o rayado horizontal, de manera que establece una espacialidad que remite al expresionismo abstracto de la Escuela de Nueva York, preferentemente cercano a De Kooning y a Jasper Johns. Se instala así, en el núcleo fundamental de la vanguardia del momento y esa energía continúa con los magníficos dibujos de 1974-76, varios a carbonilla, remolinos formales y furiosos rayados, ritmos vigorosos que si en varios casos son complejas composiciones en otros, llega a un despojamiento lineal que anuncia otra dirección expresiva. Como lo demuestra también en unas acuarelas transparentes y tranquilas, surcadas por un trazo fino y elegante.De esas múltiples opciones operativas se nutre la obra de Aldo Peralta, un compromiso del artista con la obra misma que supo indagar, sin poder redondear la idea, en un diálogo abierto, con principio pero sin fin con la realidad de su época. Bienvenida pues (y al tesón reinvindicativo de Enrique Gómez), esta exposición que pone al alcance de varias generaciones últimas la obra de un creador excepcional.

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ustedes se la pasan haciendo piquitos

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