jueves, 28 de abril de 2011

¿Un partido o un puzzle?

Los dioses poderosos y feroces de la política suelen hacer de las suyas cuando quieren. También dicen que vox populi es vox Dei, y que esa voz cuando se transforma en voto e ingresa a una urna en tiempo de elecciones, ¡hace cada estragos que ni le cuento!. Vuelve poderosos a unos, débiles a otros, marea, confunde, embriaga y le miente con encuestas que se embadurnan con las cifras de algunas chequeras; y el tal voz de Dios ese, dice que vota a uno, y al final vota a otro.

Nosotros no teníamos plata ni para pagarle el ómnibus a nuestro candidato, pateaba lindo el tipo, bajó como quince kilos de tantas caminatas..

Con decirles que una vez iniciamos una volanteada en un barrio y tuvimos que pararla porque se nos gastaron los cien volantes, y no teníamos un mango para levantar los otros cien en una Imprenta. Y eso que detrás venían los compañeros pidiéndole los volantes a quienes los leían y antes de que lo tirarán y se los dábamos a otros cien más.... Otros compañeros se quedaban al lado de los vecinos que leían el volante y lo devolvían, otros compañeros se lo leían y seguián, y no había más compañeros, porque éramos pocos y bien montados, más bien, bien calzados porque andábamos a pie...ni caballo teníamos, ah!, si, lo teníamos al caballo Paredes, pero era un matungo viejo que iba solo a las asambleas...

Nosotros, antes, ¡éramos un montón!, teníamos votos a patadas, derrochábamos votos, no le teníamos miedo a ninguna urna, por más grande que fuera.

Hasta llegamos a prestarles votos a algunos partidos, sobre todo en sus internas.

Un día partió al infinito nuestro líder, y ahí si que las matemáticas se volvieron en contra.

Primero nos separamos en dos grandes grupos. El grupo nuestro mantuvo el nombre del partido, pero, al corto tiempo, no va y se nos divide en tres tendencias, ¡que lo pan con queso!.

Nuestra tendencia, mantuvo el nombre del partido, y bueno, volver a empezar. A la tercera o cuarta asamblea ya hubo discordia, dos facciones bien identificadas se adueñaron de las asambleas, se empezaron a pelear hasta que una de ella formó rancho aparte. Nuestra facción quedó con el nombre del partido, así que no estaba todo perdido. Empezamos con las reuniones de nuevo, la marcha al futuro pronto la iniciamos, pero, alguien mal dormido, con ganas de transformarse en líder, provoca una separación, se forman dos alas, por suerte el ala nuestra se queda con el nombre del partido.

Los otros días el viejo Dotta nos llama a todos, pero a todos, todos, cada uno con su identificación. Sin mentirle, de aquel gran partido, en la reunión había 50 nuevos partidos, en menos de cinco años, de uno; hicimos cincuenta.

Fue entonces que el viejo Dotta dijo: “Compañeros, vamos todos a volver a formar aquel gran partido, porque si peleamos entre hermanos nos devoran los de afuera”.

“Pero mire que los de adentro también devoran lindo”, dijo el flaco Melquiades Olivera

“Formemos de nuevo el partido”, insistió Dotta, y el Melquiades que no quiso quedarse sin la última palabra, preguntó “¿Esto es un partido o un puzzle?. Porque si es un partido, está bien partido, ahora si es un puzzle, ¿quién lo arma?.

Se ve que nadie tenía ganas de trabajar, porque nos fuimos cada cual para nuestra casa, a mirar por la tele las propagandas de ofertas de candidatos y partidos para las próximas elecciones...

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flamencos

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ustedes se la pasan haciendo piquitos

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